P ersonaje del mes

Un perfecto jesuita

Mikel De Viana: yo soy
 
Afirmar su personalidad a cada momento es su leit motiv. De Viana está convencido de que su labor religiosa está más cerca de lo terreno que de lo divino, y se niega a que la cataloguen como fuera de lo común. Se declara cristiano por sobre todas las cosas, y sus habilidades  y características particulares son las que identifican su trabajo como sacerdote

Hay que empezar por aclarar que Mikel De Viana es Mikel de Viana. De pocas personas se puede decir esto con tanta certeza, pues con frecuencia, cuando se describe a un sujeto, se intenta encontrar coincidencias o aproximaciones a otras personalidades. Es como si se quisiera justificar un modo de ser, restándole originalidad al individuo descubriendo características que no le son únicas. Esa nefasta manía de compararlo todo. Teniendo esto presente, formulamos la primera pregunta:

¿Qué es para usted la vocación?

Un silencio de casi un minuto precedió su respuesta, para interrumpirlo luego con retórica docente: “la vocación es la experiencia subjetiva del proyecto de vida que un hombre se siente llamado a cumplir. No vinimos al mundo por azar sino a cumplir una misión que va más allá de nuestro propio pellejo, y que tiene que ver con Dios y con quien nos rodea.

Para De Viana esta vocación se encuentra limitada dentro de los linderos de la personalidad: “Vocación y personalidad están totalmente vinculadas. Así como cada persona es única e inconfundible, cada persona está llamada a cumplir una vocación que es única e inconfundible.

¿Cuál sería la suya?

- Mi vocación principal es la cristiana. Yo me sentía llamado a seguir de cerca a la persona de Jesucristo, y eso significa realizarlo a partir de mis habilidades, mis capacidades y mis cualidades personales, dentro del contexto social e histórico en que me tocó moverme. Esa vocación de cristiano se traduce en ser educador, intelectual, predicador, sacerdote religioso... Mi proyecto personal tiene múltiples facetas y tengo toda la vida entera para lograr integrarlas.

Y definitivamente el ser jesuita le ha permitido a Mikel desarrollar todas sus facetas. El mismo lo confirma: “La Compañía de Jesús es la que de mejor modo podía permitirme cumplir con mi vocación personal. En ella tengo la garantía absoluta de seguir de cerca el destino cristiano pero con el máximo respeto a mis características personales. La Compañía de Jesús ha logrado dar una consistente identidad a cada uno de sus miembros, por lo cual somos inconfundiblemente jesuitas, pero al mismo tiempo se respetan nuestras diferencias y características personales. Además, me hice jesuita pues la Compañía de Jesús es la heredera de una de las más brillantes tradiciones espirituales de occidente, la de San Ignacio de Loyola”.

Herramientas contra la parálisis

Conocer y aceptar la realidad que nos toca vivir, no es sólo labor de los jesuitas, De Viana opina que es trascendental tanto para la sociedad como para sus dirigentes. De lo contrario, se corre el riesgo de “la perplejidad, la sorpresa paralizante, que en algunos sectores produce parálisis y repliegue al pasado. Eso se observa en algunos sectores y en algunas religiones en las que lo que se está generando es un fundamentalismo integrista, conservador”.

Esta perplejidad ¿es la que nos tiene paralizados?

- No sólo le está ocurriendo al gobierno, sino sobre todo a la sociedad venezolana. Así como en el mundo islámico se produce el fenómeno del fundamentalismo como una reacción frente a la aceleración de los cambios culturales y a los escenarios globales, la cultura y las instituciones venezolanas padecen un fenómeno análogo. La sociedad tiene mucho temor al nuevo escenario cultural, social y económico que se está presentando, el cual no depende de las decisiones del gobierno ni de las actitudes y preferencias de la sociedad, sino que se impone objetivamente. La reacción espontánea en Venezuela no ha sido la de apertura hacia el futuro, sino la reactividad, la añoranza, la fragua de una utopía fundamentalista.

...Que estarían representadas en este caso por el Presidente Chávez

- Por todos los mesianismos de la política venezolana de estos últimos 20 años. Es probable que estemos yendo a un escenario semejante al de Ecuador, país que cada vez tiene menos salidas, porque cada vez que se plantea una, la misma es bloqueada por la resistencia de la colectividad. Ecuador entra cada día más en un callejón sin salida, porque la salidas que se vislumbran son cada vez más exigentes y suponen costos sociales que la población se niega a asumir.

¿Está Venezuela ante una salida?

- Yo tengo la impresión de que es así, pero la sociedad  se niega a entender que la solución no está en los liderazgos sino en ella misma. Es más, yo no creo que estemos en la primera etapa de una nueva Venezuela, creo que tiene mucho más de la última etapa de la vieja Venezuela. No  es una nueva república, sino  el último coletazo de la Venezuela paternalista, politiquera, clientelar.... eso es lo que creo. Yo continúo esperando que el gobierno acierte, pero veo demasiadas señales de inhabilidad, poca experticia y muchos errores inexplicables.

Actuar es enseñar

Nacido en la caraqueñísima Parroquia de Santa Rosalía, la formación sacerdotal de este sociólogo ucabista transcribió entre Barquisimeto y Roma, y aunque a algunos les parezca que a los 24 años es un poco tarde para enfundarse en una sotana, Mikel opina que “es justamente a esa edad cuando la madurez psicológica, emocional y personal te permite tomar una decisión de esa naturaleza”. A su familia le costó mucho entenderlo en aquella oportunidad, pero hoy en día son el principal apoyo de su trabajo, incluso en su reciente intervención en las tablas, de las manos de Ago Teatro, agrupación con  la cual estrenó en abril la versión de Wilfredo García de El Tartufo de Molière. En el escenario y estrenándose como actor, De Viana interpretó al personaje central de la obra, que paradójicamente representa la hipocresía religiosa, la tentación y la maldad.

El eco y la sorpresa causada por este desenfado religioso, se hizo sentir a través de algunos medios impresos, pero a Mikel esto le pareció exagerado. “La sociedad venezolana es una sociedad en la que la institución eclesiástica tiene una implantación moderada, si esta fuera más consistente, nos sorprendería mucho menos una cosa como ésta. Yo conozco varios jesuitas actores e incluso payasos de circo. La Ratio Studiorum, el pensum de estudio de los jesuitas desde el siglo XVI hasta mediados de este siglo, incluía al teatro como uno de los instrumentos pedagógicos privilegiados, y durante los siglos XVII y XVIII el teatro jesuítico fue uno de los más brillantes. Nadie que esté bien informado debería sorprenderse de que en una universidad de jesuitas hagan teatro y que los mismos jesuitas participen en él, no sólo detrás de los telones sino sobre las tablas”, aseveró. Prefiere sorprenderse por la existencia de docenas de capellanes militares, quienes laboran en instituciones vinculadas a la violencia y a la guerra; no obstante, la agenda copada de entrevistas y los flashes sorpresivos, no parecen causarle molestia alguna, quizás porque ya es veterano en esas lides, aunque por otros motivos, sobre todo de tipo académico.

¿Tiene Mikel De Viana algún parecido con el personaje de Molière?

- No sé, desearía no tener nada que ver con ese personaje, que es profundamente repugnante, pues representa la impostura y la hipocresía. La gente que me conoce dice que de impostura y doble cara no tengo ni un ápice, y me resulta muy difícil no ser transparente.

Si tuviera que adaptar la trama del Tartufo a la actualidad, ¿qué lectura le daría?

- En el siglo XVII se opinaba que la página más débil del Tartufo era su solución final. A finales del siglo XX sigue siendo así, pues en la vida real es poco común que el bien triunfe sobre el mal. Una de las lecturas posibles sería precisamente todo lo contrario: la posibilidad de que lo religioso sea un alibi, una coartada para no asumir el compromiso social ni la responsabilidad con el prójimo. Es decir que lo religioso y lo espiritual puedan permitir a alguna gente escapar hacia el cielo dando la espalda a sus responsabilidades en la tierra. Para el evangelio eso es imposible, pero es la pretensión de algunas propuestas religiosas, lamentablemente.

Mikel profesor

Mikel de Viana es percibido por sus alumnos como un profesor distinto. Su histrionismo en el aula, el lenguaje ‘terrenal’ y cierta irreverencia, le hacen merecedor de ese calificativo. “La principal regla de los que siguen a Jesucristo es la de romper las barreras de discriminación y la de generar una solidaridad con los demás. Todo lo que nos separa, escinde o divide, es pecado. Ser cristiano y educador significa que como profesor no utilizaría la cátedra ni los conocimientos que tengo para distinguirme de los alumnos, al contrario, mi trabajo es llevar a la Cátedra la calle, hacer de la vida real el objeto de estudio, y no elaborar una secta elitesca de pensadores sofisticados. Por eso me sorprende cuando me dicen que ese estilo es excepcional, cuando esa debería ser la regla. Pero es que en esta universidad hay una sifrinería tan chimba que no me extrañaría que se sorprenda precisamente por lo que no debe sorprenderse”.

Yoleida Salazar Román

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