L a historia por Manuel Donís

 Yépez Castillo: un historiador didáctico
 
 
"Quién no lo recuerda, si una buena  parte de los venezolanos estudiamos Historia Universal en segundo año de bachillerato por su libro de texto." Manuel Donís recuerda en su columna al insigne educador e historiador quien se caracterizó por proponer novedosos sistemas de enseñanza y recoger, en una prolífera obra, las identidades del venezolano

El miércoles 4 de noviembre falleció el profesor Aureo Yépez Castillo.
¿Quién no lo recuerda, si una buena parte de los venezolanos estudiamos Historia Universal en segundo año de bachillerato (hoy octavo nivel de Educación Básica) por su libro de texto. Como estudiante me tocó la edición número  doce, allá por el año sesenta y tres, cuando estudiaba en el Liceo Militar Gran Mariscal de Ayacucho en Caricuao y encontraba fascinante el poder escaparme de mis diarias obligaciones para leerlo con avidez.

Cuál no sería mi sorpresa al ingresar, años después en la Escuela de Educación de la Ucab, en la especialidad de Ciencias Sociales y encontrarme ya no con el texto, sino con el autor, quien se desempeñaba como profesor de las cátedras de Historia Universal I y Didáctica de la Historia. Quién de mi promoción no recuerda el primer examen de Historia, el cual versaba sobre Egipto antiguo. Casi toda la sección salió aplazada, entre ellos quien escribe. Y cómo olvidar aquella travesura en una clase sobre el mundo judío: el profesor Aureo Yépez se refirió al monte Carmelo, cadena montañosa de Israel que partiendo de la región de Samaria, se hunde en el Mar Mediterráneo cerca del puerto de Haifa, y yo intervine para agregar que en ese lugar había aparecido la Virgen del Carmen. Repitiendo lo que me había enseñado mi madre, quise hacer una gracia y casi me gano la expulsión por un año. Por supuesto que una vez en casa, me dediqué a investigar sobre el tema y me enteré como en la época de las Cruzadas surgió entre los cristianos el deseo de vivir sobre aquela montaña, de fuerte tradición piadosa desde los tiempos de los profetas Elías y Eliseo, y de ahí la tradición de la vida carmelita.

Qué difícil resultó para mi curso tratar con el profesor Yépez. No obstante, las relaciones cambiaron hacia finales de la carrera y él fue nuestro Padrino de Promoción en 1978. Todavía conservo el discurso pronunciado por él, en el paraninfo de nuestra universidad, el 26 de julio de 1978 y (publicado dieciséis años después por el profesor Yépez en su obra  La Universidad Católica Andrés Bello en el marco histórico-educativo de los jesuitas en Venezuela), en representación de los padrinos de las menciones de Sociales, Pedagógicas y Física y Matemática. Entonces, y respondiendo al clima político del momento, en el que el gobierno y personalidades de la vida nacional atacaban a la universidad como institución, nuestro flamante Padrino dijo: "que la toga, el birrete, el juramento, el latín de laureas y el canto del Gaudeamus (...), sirvan de conformadores de la estampa de esa Universidad respetable y respetuosa, de esa Universidad que tuvo más poder que la Comuna y que existió antes que el Estado mismo en el Medioevo (...). Que sirva para hacer presente  el contraste con la Universidad que lucha para hacerse sentir en estados superpotentes que la avasallan con su posición de patronos y la soslayan, la desdeñan como institución que puede aportar mucho en la solución de problemas que son comunes del Estado y de ella misma".

Particularmente conservé en mi memoria durante mucho tiempo, los párrafos en el que se refirió a nuestro papel como docentes e investigadores insertos en una realidad socioeconómica difícil, en la que como intelectuales no tendríamos excusas al no intentar, desde nuestro puesto de trabajo, retribuir de alguna manera al país, a su gente, lo que aprendiéramos en la universidad: "Como docentes, en fin se entregarán con vocación no sólo a enseñar conocimientos sino a formar (...). No esperarán ser queridos por quienes les rodean porque tendrán siempre presente que trabajarán para cumplir un deber, que ese deber no pide retribuciones, que la mejor retribución está en ustedes mismos, en la satisfacción de cumplir con sus obligaciones (...). Finalmente, no se valdrán del título, no se valdrán del curriculum vitae para imponerse. Tendrán siempre presente que es más placentero que se suponga nuestro historial de cultura a que tengamos que proclamar ese historial. Procuren no hacerlo nunca (...). Pero, eso sí, háganse respetar  como profesionales universitarios que son".

Años después me tocó compartir con Yépez Castillo las aulas de clase de la Maestría en Historia de las Américas y fuimos colegas. Luego nuevamente compañeros en el Doctorado de Historia. En ambas oportunidades fuimos precursores en los cursos que recién se abrían en postgrado, en el área de Historia, en la Ucab. Y aquí me encontré con el amigo, colega y compañero que se jactaba de ser el más viejo de todos. Su biblioteca se abrió para todos sus compañeros. Entonces, la Academia Nacional de la Historia publicó su trabajo de grado de maestría, titulado La educación primaria en Caracas en la época de Bolívar, (Colección Estudios, Monografías y Ensayos, N º 57, Caracas, 1985).

Su tesis doctoral, titulada La educación primaria pública en el cantón de Caracas en el período 1830-1857 está en camino de ser publicada por el Congreso de la República. En el homenaje que el Poder Legislativo le hiciera el 22 de julio pasado con motivo de sus 70 años, el profesor Aureo Yépez criticó duramente a la democracia venezolana porque no había enseñado a la gente a defenderla. En esta oportunidad se refirió a cómo se habían olvidado los Catecismos  publicados durante la Colonia y los años de la República, que tanto habían defendido la figura del Rey y de nuestros fundadores, respectivamente.
Fue Aureo Yépez, además de las obras citadas, autor de las siguientes investigaciones: Historia Universal, Roma, La autonomía universitaria y otros temas; La mujer en el marco educativo-cultural del siglo XIX; La Ilíada y la Grecia Arcaica; Concepciones Históricas en Iglesia y Rickert; Origen y desarrollo de la Cruz Roja Venezolana; coautor del Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar.

Fuí testigo de su alegría cuando nuestro querido padre Hermann González s.j., le dijera que había sido designado para escribirla. Parecía un muchachito ante la promesa de un dulce. Y asumió la tarea con la responsabilidad y seriedad  que le caracterizaban ; y ahí está la obra, de la cual el padre Luis Ugalde en la presentación expresó: "El profesor Aureo Yépez, con verdadera fruición, se ha zambullido en esa historia de Venezuela de 1945 a 1965 llena de recuerdos y de vivencias personales, en la que en forma intensa y rápida el liderazgo político pasó del desdeñoso cuestionamiento de la labor educativa de la Iglesia y de sus colegios, a la valoración positiva de su aporte y a la presencia relevante de los numerosos egresados de los colegios católicos".

Aureo Yépez se zambulló en la historia venezolana contemporánea. La lectura de este libro nos pasea por la Compañía de Jesús como institución educativa en la Historia de Venezuela, durante el trienio adeco  y el Decreto 321, para luego aterrizar en la historia de la Ucab, destacando, entre otros muchos aspectos, la figura del padre Plaza y la crisis del 72, hasta llegar a la visión general del rectorado del ingeniero Guido Arnal Arroyo y los inicios del rector actual. ¡Cuánto le costó decidirse en incorporar a la obra el capítulo X de la segunda parte, titulado "La creación de una Iglesia cismática", en la que expone  una de las manifestaciones del anticlericalismo que caracterizó al trienio adeco entre 1945-1948, como fue el espaldarazo que dieran Acción Democrática  y el Partido Comunista a la fundación de la Iglesia Católica Apostólica Venezolana, en contraposición  a la Iglesia Católica Apostólica Romana, utilizando la figura de Luis Fernando Castillo Méndez, ex-seminarista que obtuvo una ordenación sacerdotal falsa y que llegó a otorgarse el rango de Obispo y de Primado de Venezuela.

Su  concepción de Historia quedó plasmada en la justificación que escribiera para la historia de la Ucab: "Escribir la obra en el marco cronológico que abarcamos constituye, en sí, un objetivo que está inscrito en lo que para nosotros es una definición funcional de historia: el estudio del pasado para comprender mejor el presente".

Hoy, ante su partida, nos queda el recuerdo grato de haber tenido a un profesor  que supo darnos las herramientas para emprender con éxito la difícil tarea de educar. Sus consejos fueron útiles y al final no sólo nos inició en el campo de la Historia; no sólo nos enseñó en Didáctica, cómo hablar con el lápiz en la boca y hacerse escuchar en el aula. Con el tiempo también adquirimos un amigo. A  su memoria dedicamos esta página.


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