La Iglesia como factor unificador del territorio venezolano

Como parte de la historia venezolana, destaca el hecho de que todo el oriente venezolano formó parte del obispado de Puerto Rico como “anexos ultramarinos“ hasta que fue creado el arzobispado de Venezuela.

Los meses de junio y julio son ricos en hechos memorables para la Historia de la Iglesia venezolana. Próximos a concluir con la publicación de El Ucabista correspondiente al año académico 1995-1996, consideramos que bien podíamos dedicar este número a resaltar algunos acontecimientos significativos ocurridos en estos dos meses, en diferentes siglos claro está, propios de la Historia Eclesiástica de Venezuela.

La Diócesis de Caracas o de Venezuela

La Diócesis de Venezuela fue la primera que efectivamente se instituyó en nuestro país, mediante la Bula " Pro excellenti praeeminentia " expedida por el papa Clemente VII, fechada en Roma a 21 de junio de 1531. En el documento pontificio se habla de la Provincia de Venezuela, que comprende el mismo territorio otorgado a los Welser en 1528, a saber: " ... que hay en la dicha costa que comienza desde el Cabo de la Vela o del fin de los límites y términos de la dicha Gobernación de Santa Marta ", hasta Maracapana al Oriente, incluyendo todo el cordón insular situado al Norte de dicha costa, exceptuando, expresamente, las que tenía encomendadas Juan de Ampíes, es decir, Aruba, Curazao y Bonaire.

Clemente VII ordenó erigir una iglesia catedral en Coro para que allí residiera el Obispo, población que para entonces era el asiento del gobierno de la Provincia y a la que se le concedió el título de Ciudad Pontificia, caso excepcional en toda América: "... con título de ciudad el pueblo llamado Coro que está en la dicha Provincia de Venezuela ".

El primer obispo de la Diócesis fue Don Rodrigo de Bastidas, quien un 4 de junio de 1532 dictó en Medina del campo, Diócesis de Salamanca, España, las reglas para el establecimiento y gobierno de la nueva Iglesia, es decir, su Carta Fundamental.

A Rodrigo de Bastidas le sucedieron once obispos, hasta que la sede quedó canónicamente transferida a Caracas en 1638 (7 de marzo), en cumplimiento de la Real Cédula del 20 de junio de 1637. Entre las razones que justificaban dicho traslado se encuentran las siguientes: la superioridad económica de la nueva sede, Caracas, ciudad en la que habían fijado su residencia la mayoría de los Obispos hasta la fecha, y las ventajas estratégicas contra cualquier ataque holandés que, desde Curazao, estaba sólo a ocho o nueve horas de navegación de Coro, situación peligrosa puesto que en cualquier momento los holandeses podían saquear los bienes de la Iglesia.

Uno de los Obispos más destacados, en esta atapa previa a la transferencia canónica de la sede episcopal de Coro a Caracas, fue Fray Gonzalo de Angulo, quien asumió el obispado de Caracas el 29 de junio de 1619. Al obispo Angulo se debe en buena parte y en conjunción con el gobernador Francisco de la Hoz Berrío, la reducción a poblados de los indios, diseminados en las encomiendas, lo cual se tradujo en la fundación de una gran cantidad de pueblos de doctrina que han perdurado hasta nuestros días. Sólo en los alrededores de Caracas y en los Valles de Aragua, se fundaron entre 1620 y 1622 diez pueblos de indios y cinco iglesias. Advertimos, además, que en todas estas fundaciones se cumplió con el procedimiento señalado por el gobernador Berrío y por el obispo Angulo.

El Arzobispado de Caracas y Venezuela

Por Real Cédula del 16 de julio se comunicó la elevación de la Diócesis de Venezuela a Arzobispado. La historia es como sigue: Con la erección de los obispados de Mérida (1777) y Guayana (1790) se logró avanzar bastante en el proceso de integración territorial venezolana, tanto en lo civil como en lo eclesiástico, para finales del siglo XVIII. Para estos años ya se contaba con Instituciones con carácter hacendístico, militar, gubernativo, judicial y comercial, como es el caso de la Intendencia de Ejército y Real Hacienda (1776), la Capitanía General (1777), la Audiencia de Caracas (1786), el Real Consulado (1793), pero faltaba la provincia eclesiástica.

La erección de ésta se consiguió en 1803 (Bula "In Universali Ecclesiae Regimine" del 24 de noviembre). Esta decisión fue motivada fundamentalmente por la cesión de la isla de Santo Domingo a Francia, porque allí residía desde el siglo XVI el Metropolitano de la Provincia Eclesiástica a la cual pertenecía Venezuela. Pero a decir verdad, la elevación de la Diócesis caraqueña a Arquidiócesis era sólo cuestión de tiempo, era inminente, puesto que ya estaban dadas todas las condiciones que requería la Provincia de Venezuela para convertirse en el eje y centro de la futura nacionalidad venezolana.

El 15 de noviembre de 1804 se dio cumplimiento a la Real Cédula del 16 de julio en la que se notificaba la elevación de la Diócesis de Venezuela a Arzobispado, centralizándose en torno a Caracas las Diócesis de Guayana y Mérida. El primer arzobispo fue don Francisco de Ibarra, quien se había desempeñado como obispo de la ahora arquidiócesis caraqueña, después de haber sido el primer obispo de la diócesis de Guayana, cargo en el que estuvo por seis años.

El Arzobispado de Caracas y Venezuela se convirtió en un factor de integración territorial. Aunque la integración eclesiástica no es un asunto político en sí mismo, sus efectos integradores para el país fueron indudables. Tengamos presente que el territorio venezolano, en lo eclesiástico, estuvo disgregado y dependiente de dispares centros de poblamiento, como fueron Puerto Rico y Bogotá. Todo el oriente venezolano formó parte del obispado de Puerto Rico como "anexos ultramarinos". Táchira, Mérida y Barinas pertenecieron al Arzobispado de Bogotá hasta 1777.

Las Diócesis de Mérida y Guayana se crearon en fecha tardía. Considérese la discordancia entre el ordenamiento territorial civil de Venezuela logrado en 1777 con la creación de la Capitanía General y las jurisdicciones territoriales eclesiásticas. La independencia y autonomía propia de una Iglesia nacional sólo se logró en 1803 con la Arquidiócesis.

La trascendencia de este hecho de jurisdicción eclesiástica trasciende una mera conveniencia administrativa. Las vinculaciones entre lo civil y lo eclesiástico eran inmensamente más hondas y decisivas que en nuestros días, hasta por el régimen mismo de Patronato Regio propio de la América española. ¿ Qué hubiera ocurrido si en la época republicana la Provincia de Guayana hubiera sido gobernada por un Obispo residente en Puerto Rico ?

La significación histórica de la erección del Arzobispado de Caracas bien puede estar plasmada en el siguiente párrafo, del obispo Santiago Hernández Milanés, al nuevo arzobispo Ibarra: " Deje Vuestra Señoría Ilustrísima venir los honores cuando no los buscamos y alégrese en ello por su Patria, que poco a poco se va elevando hasta lo sumo, para cuyo cumplimiento ya no falta sino Virrey ".

¡ El Virreinato de Venezuela !. Pero este proceso de integración económico, político, gubernativo, judicial, comercial y eclesiástico, que pudo haber concluído en la erección del quinto Virreinato de América, fue interrumpido por la Guerra de Independencia.

Manuel Donis