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  Entrevista con el autor  
El maestro Efraín Subero

Entre Letras y tradiciones

  En la Ucab ha sido profesor, fundador y director del Centro de Investigaciones Lingüisticas y Literarias, director de la Escuela de Letras y en sus diferentes roles sigue siendo Maestro: “cada vez que cada uno de mis alumnos se destaca, siento que la figura del maestro se perpetúa. Vivo por ellos”
 
En la urbanización Los Castores, en San Antonio de los Altos, hay una casa que se diferencia de las otras por tener una rueda de timón en el frente y un jardín en la entrada en el que “ríen las rosas”. Los cuadros y la calidez ocupan el lugar. En la sala, una escalera  lleva hacia una suerte de sótano. Allí está la biblioteca. Éste no es un recinto cualquiera, es un lugar donde los objetos, los libros y los recuerdos parecieran tener vida.  Hay móviles de origami, fotos originales de grandes personajes de la historia de Venezuela, notas de pensamientos y reflexiones pegadas por doquier en cada tramo de libros. En un rincón está colgada la hamaca en la que el maestro Pietro Figueroa solía leer biografías de Cristo. Todos estos elementos particularizan el lugar.

Se trata de la morada del doctor Efraín Subero, donde pasa gran tiempo de su vida  porque allí es padre, es abuelo, es esposo y -sobre todo- maestro.


Removiendo el caldo de los recuerdos

El maestro habla de su origen

Efraín Subero nació en la “Perla de Oriente”: Margarita. Entonces, en la isla se vivía con cosas elementales y la gente era feliz, la puesta del sol era aviso para que las personas empezaran a cantar polos y gaitas. El maestro habla de su origen: “soy hijo de un pescador de perlas y de una gran lectora que prodigaba lo que leía, –recuerda a su progenitora como si fuese un personaje de aquellas novelas del siglo XIX leídas por ella- mi madre no sabía diferenciar entre la realidad y la ficción de sus lecturas, sufría al igual que los personajes y vivía sus peripecias”. De esa vida se le avivó el interés por el estudio de la cultura popular y la literatura.

La biblioteca colinda con una terraza, decorada con una red de pescar, unos remos, un peñero, un bergantín y más libros. Esta terraza se une con el jardín o “El camino de la Excelencia” llamado así porque, para Subero, su esposa Argelia es la Excelencia. Ella es quien se encarga de cuidar la incontable variedad de plantas que allí se encuentran.

A la derecha, una pileta con peces de colores completa el cuadro. Éste es su lugar de encuentro con Dios y consigo mismo.

Un poco de su trayectoria

Efraín Subero fue en su tiempo el académico más joven del mundo hispánico y es el único venezolano que ha ganado tres veces el premio Monseñor Pellín. Llegó a la Academia de la Lengua a los 30 años, y esto lesionó al mundo académico argentino. Con toda la sinceridad del margariteño, se encargó de demostrarle a los argentinos que en Venezuela la gente tiene otras cosas por las que preocuparse. “En la Academia de Letras de Buenos Aires tienen un protocolo riguroso, nos reunimos en la mesa oval y me hicieron preguntas tontas de literatura hispanoamericana. Les dije: -como Argentina es la letra A, pregúntenme lo que quieran de literatura argentina”. Por allí hirió el orgullo de los sureños y demuestra con ésta anécdota que es un hombre polémico y activo.

Entre sus obras considera importante su tesis doctoral sobre la décima popular venezolana. Es un trabajo de veinte años. Tenía que demostrar con esta investigación la importancia del cancionero hispánico y la presencia de éste en lo nacional. También se ha dedicado a realizar estudios de sociología de la literatura (Cuadernos Lagoven). Pero acota: “no he podido escribir el gran libro sobre César Vallejo”.

En la Ucab ha sido profesor, fundador de la Cátedra de Cultura Contemporánea de América Latina de la Escuela de Comunicación Social, fundador y director del Centro de investigaciones Literarias, catedrático de Literatura Venezolana y de Literatura Hispanoamericana, director de la Escuela de Letras y Fundador de la Revista Montalbán junto a José del Rey. Sus discípulas más directas son: Lyll Barceló, Miembro Correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua y Myriam de Valdivieso, Vicerrectora Académica de la Ucab. Ha dictado cursos en casi todas las universidades del país, principalmente en  la Universidad Simón Bolívar y la Ucab. En el exterior también se ha destacado como pedagogo.

Efraín Subero en sus diferentes roles y facetas sigue siendo maestro. “Cada vez que uno de mis alumnos se destaca, siento que la figura del maestro se perpetúa, vivo por ellos. Un maestro, cuando cumple con su deber, marca a la juventud”. Comenta que el ideario pedagógico que recogió no se ha llevado a la práctica- “no hemos sabido instruir, ni fomentar nuevas ideas”. El libro Ideario pedagógico venezolano quedó en la tercera edición de 1968 y es una obra que daría luces al proceso educativo venezolano.

Los amigos que se fueron

Con su boina y sus lentes de pasta verde, desde su terraza, junto a los perros que ama y con los pájaros que a diario brindan  su canto a cambio de las pomarrosas de la Excelencia, contó un poco sobre los personajes del ámbito cultural venezolano. Ésos que en estos últimos días se han ido. Muchas de estas personas compartieron con nuestro entrevistado: «todos fueron grandes amigos: Arturo Uslar Pietri, Caupolicán Ovalles, Juan Liscano, y como la amistad no obnubila el juicio, digo que admiré a este último. Lamentablemente, no contribuyó en nada a la Academia de la Lengua, fue un venezolano muy cambiante. Entre sus méritos está haber reunido en el Nuevo Circo de Caracas, todas las muestras de folklore de Venezuela y haber obtenido el Premio Nacional de Poesía». También recuerda con cierta nostalgia y cariño al maestro Prieto, al igual que a Don Pedro Grases, el llamado por Milagros Socorro “La academia que camina”; ése fue su maestro de bibliografía y quien pacientemente le traía de España los libros que necesitaba. Raúl Agudo Freites, Luis Beltrán Guerrero y  el padre Risquez también forman parte de ese grupo de amigos que se fueron.

Un hombre de tradición

“En Margarita hacíamos sancocho de pescado porque las gallinas que teníamos eran muy pocas, el huevo diario nos mantenía”. Hoy día los sancochos se siguen haciendo no sólo para la familia sino para los alumnos también. Esto da cuenta de que la tradición no se olvida, así como es de constante y sistemático con la literatura, lo es con sus costumbres. Subero es un hombre sumamente religioso, la presencia de imágenes de  la Virgen del Valle y de ángeles en su casa lo confirman.

Un deseo

 El maestro Subero dice que las puertas de Margarita están abiertas al cielo, a las nubes y al mar. Así, su casa -en la que habita desde hace más de treinta años- está abierta no sólo para la comunidad de Los Castores sino para todo aquel que la necesite. Su deseo es que éste sea un espacio para el estudio de la literatura.

Ahora se encuentra en la tranquilidad  de su hogar en compañía de quienes lo aprecian, con la mesa del comedor siempre dispuesta, como sus ganas de seguir ofreciendo sus conocimientos. Continúa trabajando por la literatura y asegura: “El que esta biblioteca, de alguna manera perpetúe mi nombre, es como si uno sintiera que ya nada le falta por pedirle a Dios”
 
Algunas de sus obras

Origen y expansión de la Quema de Judas, Nuevas razones y Apreciaciones críticas sobre la vida y obra de Andrés Eloy Blanco  (1974).
La Colección de Bibliografías de diversos autores venezolanos y Colección de Cuadernos en Prosa realizados en la década de los 70 es otro importante trabajo de este autor.

La Ucab también ha reeditado algunos de sus libros en las publicaciones de 2001: Cancionero de acordes Lejanos, El problema de definir lo Hispanoamericano: Estudio y Bibliografía, y  Otras Razones.

Yésica Sanjuanelo