tl_files/Parroquia/imagen/escudo_urosa.jpgtl_files/Parroquia/imagen/urosa.jpg

 

Comunicados de la Arquidiócesis de Caracas

Elecciones Presidenciales 2013

Elección de Su Santidad Francisco



Mensaje de Cuaresma 2013 - Cardenal Jorge Urosa Savino - Arzobispo de Caracas

CUARESMA EN AÑO DE LA FE

Mensaje para la Cuaresma del año 2013

Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas, 13 de febrero de 2013 

 

Con la Misa de imposición de las cenizas hemos iniciado la Cuaresma. En este tiempo litúrgico Dios nos llama a  fortalecer y renovar nuestra vida cristiana, a convertirnos, es decir a ser mejores cristianos, en preparación a la Semana Santa y a la Pascua, conmemoración de la pasión, muerte y gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Esta Cuaresma reviste especial importancia, pues tiene lugar en el AÑO DE LA FE, convocado por el Papa Benedicto XVI para invitarnos a todos los católicos del mundo, a toda la Iglesia, a convertirnos y  profundizar la fe, a renovarla y  fortalecerla; a confesarla, vivirla, celebrarla y anunciarla con gran fuerza.

 

AÑO DE CONVERSION Y  RENOVACION  DE LA FE

 El Año de la Fe comenzó el pasado 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. Su objetivo es fortalecer la fe de cada uno de nosotros, los católicos, de la Iglesia toda, y animarnos a anunciarla con mayor ardor.

En su  homilía de la Misa de apertura del Año de la Fe, nos dice el Papa que este Año es necesario. Y nos dice por qué: “En estos decenios ha aumentado la «desertificación» espiritual...Se ha difundido el vacío. Se ha producido una desertificación”…

El Papa nos advierte así sobre el  avance del “desierto de la irreligiosidad” sobre los campos de la humanidad. Esta  es una realidad en el mundo moderno, que quiere rebelarse contra Dios, o dejarlo a un lado con indiferencia. Y es realidad entre nosotros, en nuestra querida Caracas, donde hay tantas personas que no conocen a Dios, e incluso hay creyentes que se han enfriado en la vivencia de su fe. Estamos sometidos a la arremetida de la anticultura de la muerte y la violencia,  del secularismo, del materialismo y el erotismo, de la indiferencia religiosa, que ponen el centro de la vida de las personas y de la sociedad en la afirmación de la autosuficiencia del ser humano sin Dios, en los placeres,  en el culto al dinero.  Y lamentablemente, - es  bueno que hagamos un examen personal de conciencia, - también nosotros podemos estar  contaminados por esas corrientes malsanas.

Con toda humildad, pues, acojamos personalmente la apremiante invitación que nos hace el Santo Padre a convertirnos, a renovarnos, a crecer en el fervor y en la práctica religiosa y a vivir mejor nuestra fe. Sintámonos cada día más alegres, contentos, orgullosos de nuestra identidad católica, de nuestra  gloriosa condición cristiana de hijos de Dios, discípulos y hermanos de Jesucristo, y miembros de nuestra Santa Iglesia Católica.

 

ESCUCHAR Y CUMPLIR LA PALABRA DE DIOS

 A valorar más y a vivir mejor nuestra fe, nos ayuda el luminoso ejemplo de la Santísima Virgen María, que mereció  esta hermosa alabanza: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Cfr. Lc 1, 39-47).

Siguiendo el ejemplo de María acojamos con la mente y el corazón la Palabra de Dios; atendamos el llamado del Señor a convertirnos es decir, a dejar a un lado la frialdad religiosa, a acercarnos más a Dios, a vivir de acuerdo a su Palabra, de acuerdo a las exigencias de la Fe. Precisamente la Cuaresma es un tiempo propicio para lograr ese fin. Dejemos a un  lado todo lo que nos aparte de Dios, y vivamos siempre de acuerdo a su palabra, cumpliendo sus santos mandamiento, que son senderos que nos llevan a la felicidad: ¡”Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”! (Lc 11, 28).

Los invito pues a manifestar y alimentar nuestra fe de manera más intensa en esta Cuaresma, que debe estar marcada  por la intensificación de  la oración, la penitencia y las obras de caridad. Leamos diariamente la Palabra de Dios; participemos asiduamente en la Santa Misa dominical, aún entre semana; acerquémonos a los Santos Sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía; multipliquemos los actos de piedad: oración personal, rezo del Santo Rosario, y del Via Crucis. Hagamos penitencia, sacrificando algunos gustos personales, y observemos los días de abstinencia y ayuno. De esa manera fortaleceremos nuestra fe. Así nos  prepararemos para celebrar con un corazón nuevo y una fe más intensa la pasión, muerte y gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

LA FRATERNIDAD CRISTIANA 

 Abrámonos a nuestros hermanos con el perdón, la bondad y la ayuda concreta de obras de caridad, pues debemos manifestar la fe en la caridad viva y operativa, en el amor al prójimo, en la solidaridad con los hermanos y con todos los seres humanos. Rechacemos todo tipo de violencia: en el hogar, en la comunidad, en la vida social, en el ámbito político. Pidamos a Dios Nuestro Señor, y exijamos a los funcionarios del Estado que, con medidas adecuadas, cese la violencia en las cárceles, que ha producido ya tantos muertos.   

Precisamente en la línea de la caridad fraterna se inspira la Campaña Compartir, dispuesta por la Conferencia Episcopal Venezolana, que nos invita a amar al prójimo y a  ser generosos con nuestros hermanos, rechazando así el odio, el egoísmo, la indiferencia. Este año, la Colecta Compartir en Caracas  tendrá como objetivo apoyar programas y obras de la Iglesia – en parroquias, vicarías de religiosas, hogares de niños o ancianos -,  dedicadas a la salud. ¡Seamos generosos con los menos favorecidos!

CONCLUSION

 Queridos hermanos: En esta Cuaresma del Año de la Fe  acojamos el llamado del Señor, reiterado ahora por el Papa Benedicto XVI, a convertirnos, a ser mejores creyentes, a vivir de verdad de acuerdo a la fe que profesamos. Sintamos la alegría de poseer la luz de Cristo. Agradezcamos el inmenso don, la inmensa gracia de la Fe recibida en el Bautismo. Ella es un tesoro maravilloso, fuente de gozo, y camino hacia la eterna felicidad.

 

Los invito de corazón a crecer  en la fe, y a unirnos cada vez más a Jesucristo, nuestro Salvador Resucitado que es el Camino, La Verdad y la Vida, el único en quien tenemos la el perdón de los pecados y la salvación.. Nos ayude a ello la maternal intercesión de la Patrona de Caracas y de Venezuela,  Nuestra Señora de Coromoto. Amén

 

Con mi afectuosa bendición episcopal, 

+Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas

 

Pedimos a todos los Párrocos, Rectores de Iglesia y Capellanes  leer este mensaje en todas las Misas el fin de semana del 16 y 17 de marzo. En las Escuelas Católicas en todas las aulas, en la primera oportunidad.

TARJETA DE NAVIDAD 2012

tl_files/Parroquia/documentos/doc-iglesia/tarjeta2012_urosa.jpg

MENSAJE DE ADVIENTO Y NAVIDAD 2012

NAVIDAD EN EL AÑO DE LA FE

MENSAJE DE ADVIENTO Y NAVIDAD 

del Cardenal Jorge Urosa Savino,

Arzobispo de Caracas. 8 de diciembre de 2012


Antes de comenzar este mensaje, permítanme, unas breves palabras sobre las próximas elecciones que se efectuarán en los 4 municipios de nuestra Arquidiócesis de Caracas pertenecientes al estado Miranda. Reitero lo dicho en nuestro Comunicado publicado recientemente en los medios de comunicación social. ¡Vayamos a votar, y hagamos honor al compromiso cristiano de trabajar siempre por el bien del país!


Queridos hermanos: Nos encontramos ya muy cerca de la Navidad. Junto con la Pascua de resurrección ella es una de las celebraciones religiosas más grandes de la Iglesia Católica y del mundo cristiano en general. Este 2012 la celebraremos en el curso del AÑO DE LA FE, convocado por el Papa Benedicto XVI para invitarnos a todos los católicos del mundo a renovar nuestra adhesión a Cristo, nuestra vida cristiana, y sentir la alegría de nuestra identidad católica.
 

El Adviento prepara para celebrar con un corazón renovado el nacimiento de Jesús: El Hijo de Dios se hizo carne en el vientre purísimo de María Santísima, y nació en Belén para que todos los seres humanos, acogiéndolo por la fe, glorifiquemos a Dios con nuestras vidas, y trabajemos fervientemente por la paz  entre los hombres.


EL AÑO DE LA FE
Durante estas semanas la Iglesia nos invita a acercarnos más a Dios, a dejar a un lado la indiferencia religiosa y el pecado; a fortalecer nuestra vida cristiana con la oración y la recepción de los sacramentos, así como con la mortificación de nuestros gustos. Además, en este Año de la Fe convocado por el Papa, vivir el Adviento y celebrar la Navidad, implica reflexionar seriamente sobre el don maravilloso de la fe que hemos recibido, valorarla, celebrarla, y vivir de acuerdo a ella.


María Santísima, una de las figuras claves del Adviento y la Navidad, es ejemplo vivo de la fe que debemos profesar: se trata de acoger a Dios en nuestras vidas, y de actuar de acuerdo a su Palabra, que es palabra de vida eterna. Cristo mismo nos lo dice: “su alguno me ama guardará mi palabra” (Jo 14, 23). Los venezolanos somos dados a profesar nuestra fe, pero a descuidar las consecuencias existenciales y morales de la misma. No podemos decir que
somos auténticamente cristianos si vivimos al margen de la Ley de Dios.

Recordemos las palabras de Jesús: “no todo el que me diga: “Señor, Señor”… entrará al Reino de los Cielos., sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (Mt 7, 21). Ese sí entrará al Reino de los Cielos”

Creer en Jesucristo, nuestro Señor implica cumplir los mandamientos, amar a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos. Por eso la fe cristiana tiene consecuencias e implicaciones sociales. El odio, la violencia, el rencor, hacer daño al prójimo, la corrupción administrativa, están reñidos con nuestra fe y son falta grave contra Dios. La indiferencia religiosa, el descuido de nuestra práctica religiosa, es una grave ofensa a Dios. Por eso, los invito en este Adviento a renovar la alegría de ser cristianos, y a reafirmar nuestro compromiso moral de vivir y celebrar nuestra fe, especialmente todos los domingos, con la participación en la Misa dominical. Rechacemos la patraña idólatra y falsa de un inexistente “espíritu de la navidad”, y reafirmemos nuestra fe en Cristo nuestro divino Salvador


NUESTRA IDENTIDAD CATÓLICA
En esta Navidad, al contemplar el Pesebre - que no debe faltar en ningún hogar-, los invito a sentir la alegría de nuestra identidad católica, de nuestra gloriosa condición cristiana de hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, y miembros de nuestra Santa Iglesia Católica.


Por la fe, llegamos a ser hijos de Dios, es decir, semejantes a Cristo, templos vivos del Espíritu Santo, y partícipes de la naturaleza divina (2 Pe 1-4). Además, la fe nos hace discípulos y hermanos de Jesús, el Divino Maestro, que no puede engañarse ni engañarnos, y tenemos la seguridad de ir por el sendero seguro hacia la felicidad y la vida eterna. Y también, la fe nos hace miembros del pueblo de Dios, la Santa Iglesia Católica, el nuevo pueblo elegido, la comunidad de los creyentes, donde el Señor se hace presente por su palabra y de manera especial por los sacramentos.


Los invito a valorar nuestra identidad, a la cual accedemos por el don de la fe y por el bautismo. Los invito a estar a la altura de ella, dejando a un lado el respeto humano. En un mundo secularizado, que prescinde de Dios, nosotros sabemos que El existe, que es bueno y poderoso, y está con nosotros; sabemos que su amor se ha derramado en nuestros corazones. Por eso, no debemos nunca avergonzarnos de nuestra fe. Por el contrario, debemos valorarla cada vez más, pues es un tesoro que nos comunica la luz de Cristo, quien nos dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Jo 8,12)

Por esas razones, en este Año de la Fe, hemos de estudiarla, rezar con frecuencia el Credo, intensificar más la oración y, sobre todo, recibir los sacramentos, en especial la Eucaristía, participando en familia cada domingo, Día del Señor, en la Santa Misa.


CONCLUSIÓN:
Los invito a celebrar una Navidad muy fervorosa, de renovación de la fe, de compromiso fraterno y solidario con nuestros hermanos los más pobres. Vayamos la Misa de Navidad el 24 por la noche o el 25, y comencemos bien el año participando en la Misa de Año Nuevo, bajo la protección amorosa de María, a quien proclamamos Madre de Dios. A su amparo nos acogemos y a ella encomendamos el destino de nuestra Patria durante todo el próximo año 2013.

Con mi afectuosa bendición episcopal,
+JORGE UROSA SAVINO,
CARDENAL ARZOBISPO DE CARACAS.

 

ELECCIONES REGIONALES 2012

ARZOBISPADO DE CARACAS
COMUNICADO
ELECCIONES REGIONALES 2012


1.- Ante las elecciones regionales del próximo 16 de diciembre, para las cuales están convocados los habitantes de los cuatro Municipios de la Arquidiócesis de Caracas pertenecientes al Estado Miranda, nosotros, el Cardenal Arzobispo de Caracas y los Obispos Auxiliares, en cumplimiento de nuestra misión de constructores de la paz, hacemos un llamado a participar activamente en este importantísimo proceso electoral.


2.- Reiteramos que votar es una seria obligación moral y tiene prioridad sobre las vacaciones. Se trata de fortalecer la democracia y garantizar el bien común de los venezolanos en cada uno de los Estados, sin exclusión ni discriminación alguna. Estamos todos llamados a participar activa, decidida y solidariamente ¡Es la hora de votar!


3.- Es preciso recordar que el voto es secreto. Rechacemos las amenazas indebidas. El voto libre es un derecho que debemos ejercer con valentía, decisión y de acuerdo con nuestra conciencia. El Consejo Nacional Electoral está obligado a aplicar las medidas necesarias para que los comicios, tanto en su preparación como en su ejecución, se efectúen con todas las garantías de imparcialidad, confiabilidad y transparencia. Se debe impedir absolutamente el uso de recursos del Estado, que son de todos los venezolanos, para favorecer el triunfo de una parcialidad política.

4.- La violencia - de cualquier clase- no es cristiana, es un comportamiento inaceptable, y debe ser totalmente excluida durante el final de la campaña electoral y, sobre todo, el día de las elecciones. Todos, especialmente los diversos actores políticos, los organismos del Estado y, en particular, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana cumpliendo su deber constitucional y ejecutando con imparcialidad el Plan República, están obligados a garantizar la ausencia de violencia y el orden público.

5.- Exhortamos a todos los venezolanos a respetar los resultados de las elecciones.

6. Invitamos a todos los fieles a orar intensamente a Jesucristo, Señor de la Historia, por el bien y el futuro del País. Encomendemos, pues, nuestra querida Patria a la maternal intercesión de María Santísima, Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, para que Dios nos conceda resolver nuestras diferencias pacíficamente y podamos vivir todos como hermanos.

Caracas, 5 de diciembre de 2012

+ Cardenal Jorge Urosa S.
Arzobispo de Caracas.

Mons. Luis Tineo R -Obispo Auxiliar de Caracas.
Mons. Jesús González de Zárate- Obispo Auxiliar de Caracas.
Mons. Fernando Castro A. - Obispo Auxiliar de Caracas.
Mons Tulio Ramírez P.- Obispo Auxiliar de Caracas.
Mons. Nicolás Bermúdez V.- Obispo Auxiliar Emérito de Caracas.

LA LUZ DE CRISTO

Homilía en la Vigilia Pascual

del Emmo. Arzobispo de Caracas,

Cardenal Jorge L. Urosa Savino.

Sábado Santo, 7 de abril de 2012

 

 

Amadísimos hermanos:

 

Jubilosos festejamos en esta noche santa  la gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. La Iglesia, congregada en todas partes del mundo para celebrar la resurrección de nuestro Señor, proclama una vez más ese hecho fundamental de nuestra fe, el acontecimiento central de toda la historia de la humanidad.

 

Esta Vigilia Pascual comenzó con la hermosa Liturgia de la Luz que nos enseña que Jesús es realmente, como El mismo lo había dicho, “la luz del mundo” (Jn 8,12). El Cirio Pascual simboliza  a Jesús victorioso del sepulcro, que con su luz rasga y disipa las tinieblas que suelen acompañar la existencia humana. Sí, mis queridos hermanos: en medio de las tinieblas de nuestras vidas y de la humanidad, oscurecida por la tragedia del pecado en sus múltiples manifestaciones, Cristo resucitado es, desde entonces y para siempre, la luz del mundo.

 

Al amanecer el domingo de Pascua, Jesús victorioso rompió las cadenas de la muerte e iluminó con su luz esplendorosa la noche oscura de la dramática historia de la humanidad.  Innumerables testigos lo vieron y así lo proclamaron, y dieron fe, incluso derramando su sangre,  de que, el Señor, que  había muerto por nuestros pecados, resucitó realmente para nuestra salvación. Por ello, en el pregón pascual, en ese hermoso cántico inicial de nuestra ceremonia, se proclama  el anuncio jubiloso del hecho histórico de la resurrección de Cisto:

“Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo, son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia, y son agregados a los santos”.

 

Qué alegría, amadísimos  hermanos, tener, como nosotros tenemos, el don de la fe,  la gracia maravillosa de ser iluminados por el Señor, que rompe las tinieblas de nuestras mentes y corazones para que veamos con claridad la grandeza de Dios. A la luz de Cristo comprendemos mejor nuestra propia condición humana, y podemos caminar sin tropiezos por el sendero de la vida hacia el Reino de la luz admirable del Señor. Por esa gracia, por nuestra fe, por pertenecer a la Santa Iglesia de Dios, demos rendidas gracias al Señor de la vida, y apreciemos la grandeza invalorable de gozar del don de la fe.

 

VOSOTROS SOIS LA LUZ DE MUNDO

 

Por su muerte y resurrección, Cristo nos libró del poder de las tinieblas al reino de su luz admirable  (Cfr Col 1, 13. La resurrección de Cristo es causa de nuestra salvación. Y para obtenerla efectivamente, es preciso que nuestra conducta este de acuerdo con  nuestra fe; es preciso que nuestra fe sea  viva, práctica, operante por la caridad, y plena de esperanza.

 

Cristo es  “la luz el mundo”. Y también nosotros debemos ser luz para los demás. En efecto, en el Sermón de la montaña nos dice el Señor “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14).  Jesús quiere que quienes creamos en El seamos luz para nuestros semejantes. Que a través de una vida virtuosa, cumpliendo los mandamientos de la Ley de Dios, escuchando y cumpliendo sus palabras, que son Palabras de vida, lleguemos a la salvación y difundamos la luz de Cristo a nuestro alrededor. Por ello nos dice San Pablo, refiriéndose a nuestra gloriosa condición cristiana, recibida por el bautismo: “Ya que habéis muerto con Cristo buscad los bienes de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra…” (Col 3,1-2)

 

Participar  en esta Vigilia Pascual debe proyectarse en el propósito de vivir a fondo y con autenticidad nuestra vida cristiana. Dejemos a un lado las cosas de abajo, es decir, el pecado, y toda la oscuridad, el dolor y la tragedia y la muerte que el pecado produce.  Nosotros, la Iglesia de Cristo, debemos  ser  el pueblo del amor y de la vida, en contraposición a las tinieblas, al odio  y las fuerzas malignas de la muerte, que se manifiestan en la mentira, el egoísmo,  el desorden afectivo-sexual, la violencia de toda clase, el asesinato y el secuestro, el aborto provocado, la guerra, el terrorismo y el narcotráfico, entre otras cosas.  Dejemos a un lado la indiferencia religiosa o la vivencia mediocre, inconstante, ocasional,  de nuestra fe.

 

 Iluminados por Cristo hemos de seguirlo siempre, todos los días, para poder también iluminar a nuestros hermanos con su luz maravillosa e indeclinable. Estamos llamados a ser luz en el Señor (Ef. 5,8), es decir, a dar buen ejemplo con una vida santa, escuchando y cumpliendo la Palabra de Dios, que es el camino hacia la felicidad (Cf. Lc, 11-28)

 

CONCLUSION

 

Prosigamos nuestra fiesta pascual. Los invito  en esta solemne Vigilia a fortalecer  nuestra fe en Dios, fuente de vida y de felicidad, nuestra adhesión a la Santa Iglesia, nuestra fidelidad al Señor, nuestra determinación de caminar a la luz de Cristo, y de ser luz en el Señor, para todos nuestros hermanos, especialmente para nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo.

 

 ¡Seamos siempre luz para el mundo! Especialmente Ustedes,  mis queridos seminaristas, llamados por el Señor a comunicar a sus hermanos, ahora y en el futuro, como sacerdotes, la luz maravillosa de Cristo resucitado, están llamaos a ser luz para nuestra Iglesia de Caracas. Por eso los exhorto a vivir siempre como hijos de la luz,  anhelando y buscando siempre la santidad,  y a ser fieles a la excelsa vocación que han recibido, acogiendo con amor y cumpliendo con fidelidad las enseñanzas de la Iglesia sobre el sacerdocio y las condiciones para recibirlo y ejercerlo.

 

María Santísima de Coromoto, nuestra Santa Patrona, al amanecer del domingo de Pascua tuvo el inmenso gozo de abrazar de nuevo a su Hijo resucitado. Unidos a ella  glorifiquemos al Señor en esta solemne celebración, en la que renovaremos nuestras promesas bautismales, para seguir a Cristo, luz del mundo, que nos dice: “el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá siempre la luz de la vida” (Jn 8,12). AMEN

 


COMUNIÓN Y SANTIDAD: TESTIMONIO DE CRISTO

 

HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL

Catedral metropolitana de Caracas, Jueves Santo 5 de abril de 2012,

Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas

 

MISA DE NUESTRA IGLESIA LOCAL

 

Celebrando  a Cristo, sumo y eterno sacerdote,  el Mesías, -que quiere decir, el ungido -, en esta sagrada liturgia del Jueves Santo se consagran los oleos sacramentales, especialmente el santo crisma.   Con ellos serán ungidos los nuevos bautizados, los confirmados, y los obispos y presbíteros que son presencia viva de Jesucristo.   Por eso esta es la Misa del Sacerdocio, y también la Misa de los Sacramentos: es la Misa de la Santificación del Pueblo de Dios.

 

Esta celebración es también, por excelencia,  la Misa de la Iglesia. Sí, mis queridos hermanos: la Misa de la Iglesia. Pues esta Misa Crismal se proyecta en la celebración de los sacramentos que constituyen y  fortalecen la Santa Iglesia de Dios en Caracas. Esta liturgia está engalanada por la participación de ustedes, queridos fieles venidos de los cuatro puntos cardinales de nuestro territorio, y de  ustedes, queridos sacerdotes pertenecientes al clero diocesano de Caracas y a los  Institutos de vida consagrada.

 

La realidad y el gozo de nuestra identidad se sienten, se palpan en  esta Misa de nuestra Iglesia de Caracas. Al participar en esta solemne celebración manifestamos nuestra pertenencia a ella. Los sacerdotes que estamos incardinados a esta Iglesia particular, y los hermanos que aquí viven y ejercen su ministerio sacerdotal, de una u otra manera pertenecemos a ella. Tenemos estos hermanos, estos presbíteros, estos fieles, estos compañeros, estos dones, este Arzobispo y estos Obispos Auxiliares. Aquí en nuestra antigua  Catedral podemos evocar aquellos obispos santos y celosos, valientes y esforzados, que  han abierto los caminos por donde transitamos nosotros hoy. Los recordamos hoy con especial cariño, particularmente a mis inmediatos predecesores: Mons Lucas Guillermo Castillo, Mons Rafael Arias Blanco, el Cardenal José Humberto Quintero, el Cardenal José Alí Lebrún, el Cardenal Ignacio A. Velasco. Somos herederos de los dones y tesoros que esos Obispos, y muchísimos sacerdotes, religiosas y religiosos de otros tiempos, junto con los fieles laicos, forjaron para nosotros. Ellos anunciaron el evangelio y propagaron la fe, crearon nuestras estructuras pastorales, animaron nuestros movimientos laicales, construyeron nuestros templos, iniciaron nuestras parroquias, conventos,  escuelas y Universidades, y animaron y fortalecieron  nuestros Seminarios de Santa Rosa de Lima y Redemptoris Mater. Hoy los recordamos con  gran afecto.

 

Los invito, pues,  a sentir personalmente la pertenencia a nuestra Iglesia de Caracas. Vivir la identidad diocesana es cuestión de sentido eclesial.  Sentirla nos ayuda a amar más a nuestra Iglesia concreta, enriquecida con tantos dones, y a trabajar por ella con amor y sin descanso, con nuevo ardor, como nos pedía el Beato Juan Pablo II.

 

Junto con el Sacerdocio de Cristo celebramos, pues,  hoy Jueves Santo, la realidad sobrenatural y humana de la Iglesia fundada por Él para la salvación del mundo, mediante la elección de sus apóstoles y el envío de estos y de sus sucesores a anunciar la buena nueva de paz, alegría, gracia y salvación. Iglesia universal y de Caracas sembrada,  elevada, santificada y  fortalecida, por la efusión de la preciosa sangre de Cristo en el Calvario, por  su gloriosa resurrección, y por  la presencia viva del Espíritu Santo.

 

IGLESIA TESTIGO DE CRISTO

 

La historicidad de la salvación exige precisamente la obra de sus apóstoles y de quienes, movidos por su testimonio vivo, creyeran en Él. Requiere la obra de la Iglesia, de su testimonio vivo ante el mundo.

 

Esta misión la posee la Iglesia universal realizada y presente en cada una de las Diócesis del mundo, y también, para nuestra alegría, en nuestra queridísima Arquidiócesis de Caracas  Porque, como el Concilio Vaticano II nos enseña, al definir qué es una Diócesis, que ésta es

 

"una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada con la cooperación de su presbiterio, de suerte que, adherida a su pastor y reunida por él en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular en la que se encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo que es una, santa, católica y apostólica.  " (1)

 

Demos, pues, gracias a Dios por la existencia de nuestra Iglesia de Caracas, engalanada con tantos dones por el Señor. Y al darle gracias por nuestra realidad eclesial, pensemos igualmente en el compromiso que tenemos de vivir a plenitud las exigencias  de ser realmente la Iglesia de Cristo  una, santa, católica y apostólica, para dar testimonio de Cristo.

 

Quiero subrayar especialmente la necesidad del testimonio de  comunión eclesial, de unidad  de la Iglesia. Cristo Nuestro Señor, en el Sermón de la Cena dirigió a Dios, su Padre celestial, una intensa plegaria: “que todos sean uno, para que el mundo crea que tu me has enviado” (2). Es decir, nosotros estamos llamados a ser testigos de Cristo, en primer lugar por nuestra cohesión interna: debemos vivir en el amor, en la fraternidad, en la unidad de la fe viva; debemos vivir  en fidelidad a la santa Doctrina católica tal como la expone el Magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia Universal.  Debemos desterrar de nuestras comunidades la indiferencia, el aislamiento, la división, y fortalecer los lazos que nos unen unos a otros  en torno a Jesucristo. Este testimonio de comunión es muy importante especialmente en este año electoral en que se agudizan las pasiones políticas.

 

Quiero subrayar igualmente  la necesidad de nuestra vida de virtud. Estamos llamados a dar un testimonio de  santidad,  a ser santos, especialmente a vivir la religiosidad y la unión con Dios, desterrando la indiferencia religiosa que nos lleva a abandonar la práctica de la fe. Santidad en la vida diaria, rechazando todo tipo de pecado, en respuesta de total fidelidad al Señor, que nos llama a  la perfección cristiana. Santidad que va unida a la felicidad, recordando la exigente y estimulante enseñanza de Jesús: “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. (3)

 

LOS SACERDOTES, TESTIGOS DE CRISTO EN LA IGLESIA

 

Luego de su resurrección, el Señor encomendó a los apóstoles la misión de ser sus testigos (4). Esta gloriosa condición, común a todos los bautizados, es aún más exigente en aquellos que Jesús  ha llamado a ser sus ministros en medio de su pueblo.

 

¡Los sacerdotes estamos llamados a  ser fieles testigos de Cristo resucitado! Con alegría, mis queridos hermanos, hemos de dar testimonio del amor de Dios: con una vida llena de caridad,  ardor apostólico, creatividad pastoral y amor a los fieles de nuestras comunidades; en comunión con los Obispos y el Presbiterio local. Unidos en  la confesión y enseñanza de la verdad revelada, conforme  a las enseñanzas del magisterio. Esta es una exigencia de nuestro ser eclesial y sacerdotal. Los grandes santos nos indican la necesidad de que los sacerdotes se unan, como hermanos, miembros de un mismo presbiterio, en torno al Obispo como en torno a Cristo. El distanciamiento, el aislacionismo, la indiferencia son dañinos, sobre todo, para quien los practica. Además de la gracia de Cristo, el apoyo y la fuerza del Obispo son sus presbíteros y los fieles. Y el apoyo del sacerdote son su Obispo y sus compañeros presbíteros junto con los fieles. Sintamos la alegría de vivir fraternalmente y de ayudarnos mutuamente.

 

Estamos llamados a ser testigos fieles del amor de Dios, de ese Dios que es amor. Mediante la vivencia de nuestra sublime vocación al celibato por el Reino de los cielos, damos testimonio de que Dios merece ser amado con todo el corazón, en la renuncia al legítimo amor conyugal. Así respondemos con generosidad a la vocación de “dejarlo todo para seguir a Cristo” (5). Y para ello hemos de valorar y proteger nuestra santa vocación, con la vigilancia y la oración. Recordemos las palabras del Señor en el huerto de los olivos: "Vigilad y orad para no caer en tentación. El espíritu está decidido, pero la carne es débil”. (6) Por ese motivo debemos vivir nuestra consagración en el celibato con prudencia y sensatez en la vida diaria, tanto más necesarias en un mundo marcado por el neopaganismo. Nuestra fidelidad, nuestro testimonio de Cristo exige también el compromiso de la pobreza evangélica, que es sencillez sin lujos, desinterés y generosidad, entrega y disponibilidad para el ministerio pastoral. Y que es también prudencia y diligencia en el manejo del patrimonio eclesial y de los fondos propios.

 

¡Qué alegría tan grande!, queridos hermanos sacerdotes, ser testigos de Cristo para llevar su luz y su salvación a este mundo golpeado por la arrogante y grosera exaltación de los placeres, del dinero, de la soberbia, que caracteriza la cultura occidental contemporánea. Renovemos, pues, nuestra determinación de dar la cara por el Señor, y sigamos adelante en la construcción de nuestra Santa Iglesia Arquidiocesana.

 

La Pastoral Vocacional 

 

Queridos hermanos sacerdotes:

 

Permítanme en este momento dirigirles un apremiante llamado: los invito a que, movidos por la alegría de ser amigos de Jesús, como llama Él a sus apóstoles en la Ultima Cena (7), trabajemos y oremos intensamente por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en nuestra Arquidiócesis de Caracas. Nos va en ello el futuro de nuestra Iglesia. Y estemos seguros, la experiencia así lo demuestra, que Dios bendice la labor de pastoral vocacional. En Diócesis o Parroquias donde se realiza una intensa pastoral vocacional, los jóvenes, animados por el ejemplo y el testimonio de santidad de sus presbíteros, acogen con alegría la vocación al servicio. Nuestras Escuelas y comunidades parroquiales deben contar con el Equipo de Pastoral Vocacional, presidido por el Párroco o Director de Pastoral. Un equipo sencillo, pero que, animado por el celo de suscitar y promover las vocaciones, desarrolle iniciativas, acompañe, siga, llame a los mejores jóvenes, a considerar el inmenso don de ser ministros de Cristo para la salvación de las almas.

 

Conclusión

 

Mis queridos hermanos todos:

 

En esta hermosa mañana de Jueves Santo, en unión con mis hermanos obispos Auxiliares, quiero públicamente expresar de nuevo, nuestro más sincero afecto  y gratitud a todos los queridos sacerdotes del presbiterio de la Iglesia arquidiocesana de Caracas,  diocesanos y religiosos, por la hermosa labor con que cooperan con nuestro ministerio episcopal. ¡Que Dios les pague con creces! Y a Uds., mis amados hermanos, les pido en este momento expresar su afecto y gratitud a  nuestros presbíteros, que van a renovar sus compromisos sacerdotales ante el Señor en esta asamblea eucarística, con un nutrido aplauso.

 

Continuemos ahora esta hermosa, solemne y festiva celebración de Cristo, sumo y eterno sacerdote, de la Iglesia, de sus Sacramentos, del Sacerdocio ministerial.  Con alegría y decisión asumamos el compromiso de dar testimonio de Cristo con nuestra sólida comunión y la búsqueda permanente y constante de la santidad. Para ello, encomendémonos confiadamente a  la maternal intercesión de nuestra madre amorosa, la Stma. Virgen de Coromoto, madre de Dios y madre nuestra, Amén.

 

NOTAS:

1) Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 1.

2) Cfr. Jn 17,21

3) Lc 11,28

4) Hch 1,8

5) Cfr. Mt 16,24-25

6) Mt 26,41

7) Jn  15, 14-15

 


FIRMEMENTE UNIDOS A JESUCRISTO

FIRMEMENTE UNIDOS A JESUCRISTO

 

Homilía en el Domingo de Ramos,

Catedral Metropolitana de Caracas, 1 de abril de 2012

Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas

 

La hermosa liturgia del domingo de Ramos inaugura la Semana Mayor de nuestra Iglesia Católica. En ella hemos realizado la procesión con las palmas benditas, recordando el triunfal ingreso de Nuestro Señor Jesucristo a Jerusalén. Como aquella muchedumbre, nosotros aclamamos al Señor, y lo reconocemos, no sólo como el Mesías, que viene en el nombre de Dios, sino como el Hijo eterno de Dios hecho hombre, nuestro Divino Salvador.

 

Esta ceremonia, y la lectura de la pasión del Señor según San Marcos que hemos escuchado ponen de relieve, sin embargo, la incoherencia de mucha de aquella gente. Un día aclamaron a Cristo, y luego, muchos de ellos, el viernes santo, le dieron la espalda, mandándolo a la muerte, pues prefirieron a Barrabás, un bandido asesino, a Jesús. En esta solemne ocasión, nosotros, como cristianos, sosteniendo las palmas en nuestras manos, estamos llamados a renovar y reafirmar nuestra fidelidad a Jesucristo, y a profesar y vivir nuestra fe católica, que es guía hacia la felicidad para cada uno de nosotros.

 

La lectura de la pasión nos presenta la inmensidad del amor a Dios, y nos recuerda que Cristo es nuestro Rey: no como los gobernantes de este mundo, sino como aquél cuyo reino es el reino del "verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz". Por eso, mis queridos hermanos: iluminados por la luz de la fe nosotros proclamemos a Jesús como nuestro Salvador, nuestro Dios y Señor. Bendigamos y agradezcamos a Dios nuestro Padre el maravilloso don de la fe.

 

Ahora bien: conviene que en esta celebración, que nos interpela personal y comunitariamente, reflexionemos sobre el compromiso de fidelidad, de coherencia entre la fe y nuestra vida.

 

Creer en Jesucristo significa e implica seguirlo, firmemente unidos a El, escuchar y cumplir su palabra, cumplir los Santos Mandamientos de la Ley de Dios. Cristo mismo nos dice: "no todo el que dice "Señor, Señor", entrará al reino de los cielos; el que cumple la voluntad de mi Padre, ese entrará al reino de los Cielos" (Mt, 7,21). Esta es una exigencia de compromiso, de coherencia, de seriedad y madurez cristiana. Y qué triste es cuando, movidos por las pasiones, sucumbimos a las tentaciones, y le damos la espalda al Señor, yendo por el sendero del pecado. Sigamos siempre a Jesucristo y vivamos según su Palabra, que es Palabra de vida y de felicidad (Cfr. Lc 11,28). En particular hemos de rechazar la frialdad y la indiferencia religiosa: hemos de practicar con fervor y alegría nuestra fe, especialmente participando en la Eucaristía dominical, y cumpliendo fielmente los santos mandamientos de la Ley de Dios. También, por la situación de violencia que vivimos en el país, los invito especialmente a practicar el Vº mandamiento: No Matar, que excluye cualquier tipo de agresión, de ofensa a nuestro prójimo. Y para ello hemos de practicar la hermosa virtud de la caridad, del amor al prójimo, especialmente rechazando la tendencia a la agresividad y a la violencia que se ha desarrollado cada vez más entre nosotros

 

¡Abramos nuestros corazones a Jesucristo! y dejémonos guiar por su Santo Espíritu, para ir por el camino de la vida, de la paz, de la salvación.

 

A LOS FUTUROS SACERDOTES:

 

Para nosotros, los consagrados al Señor en el sacerdocio, y para los seminaristas que se preparan para entregar sus vidas a Dios como sacerdotes, esta celebración y los sagrados oficios de toda la Semana Santa son ocasión propicia para acoger con mayor fuerza, con seriedad y alegría, el don maravilloso del llamado a la santidad, a la vida de virtud, viviendo firmemente unidos al Señor. Es una ocasión propicia para valorar cada vez más el don espléndido de nuestra santa vocación a servir a Dios con todo el corazón, por la salvación de las almas.

 

Mis queridos seminaristas: Contemplar los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo nos da la oportunidad de profundizar en el misterio maravilloso del amor de Dios manifestado en Cristo. Y nos ayuda comprender mejor lo que significa el sacerdocio: una entrega, movidos por el amor de Dios y el amor a Dios, una oblación de nuestra vida, para siempre, por la salvación del mundo, firmemente unidos y compenetrados con Jesucristo.

 

En estos días hemos de considerar atentamente las actitudes de Cristo, como nos lo pide San Pablo, para tener en nuestros corazones esos mismos sentimientos, esas mismas actitudes (Cfr. Fil 2,5-11). Esto no se hace automáticamente, sino progresivamente, mediante la vida de oración, y la práctica constante de todas las virtudes. El sacerdote está llamado a ser otro Cristo, y así debemos entender nuestra vocación, y, por supuesto, ser consecuentes con ella. Por eso los invito, mis queridos seminaristas, a tomar en serio las grandezas, las maravillas de los dones de Dios que han recibido. Y tomar en serio las exigencias de ser como Cristo, de tener en nuestros corazones sus mismos sentimientos. Pues bien, los invito a aprovechar estos días para dedicarse más a la oración, a la lectura de la Palabra de Dios, y a participar con profundo espíritu de fe, recogimiento y verdadera piedad en los Oficios de Semana Santa.

 

LA FIDELIDAD A CRISTO EN LA VIDA DIARIA:

 

Mis queridos hermanos todos: la contemplación de los misterios maravillosos de Cristo en Semana Santa, participando en los Oficios sagrados, es una invitación a vivir de verdad de acuerdo a la Palabra de Dios. Los invito a participar con fe y devoción en los actos de la Semana Santa, para que sientan la alegría, el consuelo del amor de Dios. Los invito a participar en la Santa Eucaristía, especialmente el Jueves Santo y el Sábado Santo o Domingo de Pascua, recibiendo los santos sacramentos de la Confesión o reconciliación, y la Santa Comunión.

 

La fidelidad a Cristo supone que lo acompañemos cargando con nuestras cruces de todos los días: la práctica de la virtud, el rechazo al pecado, el cumplimiento de nuestros deberes de estado, la fortaleza en las adversidades, la aceptación del dolor de la enfermedad, de la pérdida de nuestras personas queridas, etc.

 

Firmemente unidos a Cristo hemos de ser fieles a El en la vida diaria, siguiendo siempre su ejemplo y escuchando y cumpliendo su palabra, que es camino de felicidad. El camino del pecado es el camino de la tragedia de la muerte y de la condenación eterna. El seguimiento de Cristo es el camino hacia la vida plena, la felicidad y la salvación eterna.

 

CONCLUSIÓN

 

Encomendémonos a María Santísima, Nuestra Señora de Coromoto, para que ella, que estuvo de pie al lado de su hijo colgado de la cruz, nos ayude a ser siempre fieles a su Divino hijo y estemos firmemente unidos a El en todas las circunstancias de nuestras vidas.

 

Para manifestar esa determinación, los invito, hermanos, a ponerse de pie, y a sostener en alto las palmas benditas, y manifestar así nuestro amor a Dios, nuestra voluntad de ser fieles al Señor, rechazando el pecado, viviendo nuestra fe, y caminando por el sendero de la virtud. ¡Abramos nuestros corazones a Jesucristo, Rey del amor y de la Gloria!

 

Que el Señor nos conceda la gracia de vivir siempre firmemente unidos a El, para así poder participar de la gloria de su triunfante resurrección.

 

¡Viva Jesucristo! ¡Viva la Virgen de Coromoto ¡Viva la Iglesia, Viva el Papa!

 


Carta Circular: “La Caridad de Cristo nos apremia” (2 Cor, 5,14)

Arzobispado de Caracas
CARTA CIRCULAR

A todos los sacerdotes y diáconos y a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada que residen o trabajan en Caracas. Queridos hermanos y hermanas:


“La Caridad de Cristo nos apremia” (2 Cor, 5,14)


1. Nos encontramos actualmente en Venezuela con grandes urgencias y necesidades pastorales, y además, en un proceso inédito de cambio político, social y cultural, que ha suscitado, entre otras cosas muchas divisiones y confrontaciones. En esta situación el amor de Cristo nos apremia, nos urge a vivir con alegría y entusiasmo nuestra misión de evangelizadores, mensajeros y constructores de la paz.


2. Movidos por el Espíritu Santo, los obispos, sacerdotes y diáconos, y los miembros de institutos de vida consagrada tenemos el sagrado deber de iluminar con la luz del Evangelio, expresada concretamente en la Doctrina Social de la Iglesia, el acontecer de la vida social, sin excluir el ámbito de la acción política. Estamos obligados en conciencia a promover el bien común, la paz, la justicia y la verdad, denunciando con valentía el odio, el error, la injusticia, y todo lo que se oponga a la felicidad de los seres humanos. Sobre todo, estamos llamados a animar a nuestros hermanos a que encuentren en Cristo el centro de sus vidas, y a hacer de la Iglesia la casa común de todos los creyentes.


3. Ante las próximas elecciones presidenciales, nuestra misión de promover la unidad, más allá de las simpatías políticas personales, es todavía más urgente. Por nuestra vocación, los sacerdotes, así como las religiosas y los religiosos, somos y debemos ser siempre factores de unidad para “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17, 21) que Cristo es “el Camino la Verdad y la Vida” (Jn 14,6).


4. En concreto queremos insistir en las normas ya dictadas en nuestro Comunicado del 23 de junio de 2008 (1). Nuestra misión eclesial de construcción de la paz nos exige una gran imparcialidad para tener la libertad y la capacidad crítica de denunciar lo que vaya en contra del bien común y, en concreto de los derechos humanos, en cualquier circunstancia. Nuestra misión nos exige abstenernos de apoyar públicamente, y mucho menos en nuestro sagrado ministerio pastoral, alguna parcialidad política. No podemos ser militantes del gobierno o de la oposición. No podemos ser actores políticos.


5. De manera particular, con relación a los actos litúrgicos y especialmente la Santa Misa, queremos recordar que ésta “debe realizarse siempre en ambiente de sincera oración y fervor religioso, con gran respeto, y en comunión total con la Iglesia diocesana y con la Iglesia universal, como expresión de la unidad de todos los católicos, y nunca debe prestarse a interpretaciones o manipulaciones político-partidistas.Por estas razones no se pueden realizar celebraciones litúrgicas, especialmente la Santa Misa, en el marco de actividades político-partidistas, o que puedan ser utilizadas políticamente”.
(Comunicado, 3; 23 de junio de 2008)

6. Promover una opción partidista no se corresponde con nuestra misión eclesial y pastoral. En consecuencia, pedimos a ustedes, queridos sacerdotes, religiosos y religiosas de la Arquidiócesis de Caracas, que en el campo socio político actúen siempre como valientes mensajeros del Evangelio, promotores de la justicia y la paz, padres y hermanos de todos, y factores de unidad en Cristo. Por lo tanto, reiteramos que es preciso que todos se abstengan de apoyar públicamente alguna parcialidad política a través de los medios de comunicación o de las redes sociales (Facebook, twitter), así como de actuar como dirigentes o militantes partidistas, y de participar en actividades de carácter partidista.


7. En esta línea, y dada la agresividad presentada en estos días, debemos abstenernos también de prestar las instalaciones eclesiásticas, parroquiales o escolares, para actos de carácter partidista de cualquier signo. Sin embargo, rechazamos los ataques violentos por motivos políticos contra personas e instalaciones de la Parroquia de Santa Rita en Caricuao el martes 6 de marzo, y manifestamos nuestro apoyo y solidaridad al Párroco, a la comunidad religiosa y a los fieles de esa Parroquia.


8. Queridos hermanos y hermanas: invocamos sobre todos ustedes y sobre todos los fieles de la Arquidiócesis de Caracas la protección de nuestra Señora de Coromoto, Reina del Amor, y de la Paz. Ella, madre amorosa, nos conducirá por la senda del apremiante amor de Cristo en la vivencia de nuestra sublime misión pastoral, para gloria de Dios y bien de nuestra Patria y de la Iglesia en la Arquidiócesis de Caracas.


Caracas, 11 de marzo de 2012

+JORGE UROSA SAVINO,
CARDENAL ARZOBISPO DE CARACAS


+LUIS TINEO RIVERA
OBISPO AUXILIAR DE CARACAS

+JESÚS GONZALEZ DE ZARATE
OBISPO AUXILIAR DE CARACAS


+ FERNANDO CASTRO AGUAYO
OBISPO AUXILIAR DE CARACAS

+NICOLAS BERMÚDEZ V.
OBISPO AUXILIAR EMÉRITO

Nota:
1. ADSUM n. 364, abril-junio de 2008

“SAN JOSÉ ES UN MODELO A SEGUIR PARA LAS FAMILIAS”

El Cardenal Jorge Urosa Savino hizo un llamado a “volver a los caminos de la religiosidad y cimentar los valores de la familia, a partir del ejemplo de vida de San José como modelo a seguir en el mundo, ya que él fue el vivo testimonio de cómo debe ser un buen padre de familia. Él fue responsable, valiente y cumplidor ante las amenazas del emperador que buscaba al Niño Jesús para matarlo”.

Las palabras del Arzobispo de Caracas se produjeron durante la eucaristía que presidió en la Abadía San José del Ávila, con motivo de los festejos que se realizaron en la Parroquia “San Benito”, este 19 de marzo, donde estuvo acompañado del párroco Félix Infante y el padre José Dionisio Gómez, de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, de Catia.

VOLVER A LOS VALORES FAMILIARES

El Primado de Caracas lució una llamativa vestimenta religiosa en cuyo pectoral se veía claramente una imagen de San José sosteniendo paternalmente al Niño Jesús en sus brazos. Durante la homilía denunció, además, que el gran problema del mundo es el secularismo. “Intenta apartar a Dios del mundo, es decir, que el mundo camine sin Dios”.

Agregó que esta manera de pensar y actuar sin Dios, “es un error que ocasiona los males que nos agobian actualmente en Venezuela y el mundo: es parte de la crueldad que se ha introducido en nuestro país y que propicia muertes violentas; es el pensamiento que promociona el aborto. Todo ello ataca directamente a la familia”. 

“Por eso tenemos que volver a la religiosidad – añadió el Cardenal Urosa – debemos volver al ejemplo de San José como modelo a seguir en el mundo. En la familia se debe practicar la religiosidad. Y al igual que la Sagrada Familia: Jesús, María y José, debemos practicar el afecto, la tolerancia, el cariño y la solidaridad. Hay que darle una buena familia a los muchachos, para que el secularismo no se imponga en la sociedad”.

SANTUARIO DE SAN JOSÉ

Cabe señalar que día del padre adoptivo de Jesucristo – el noble San José - fue celebrado por todo lo alto, en distintas zonas de Caracas, donde le veneran como su santo patrono. Pero uno de estos sitios que año tras año motiva la concurrencia de feligreses es la antigua Abadía San José del Ávila. Está ubicada al final de la avenida Baralt, y allí, desde el 19 de marzo de 1945, asisten los caraqueños para recordar la vida del Santo.

A partir de las 6 de la mañana, distintos sacerdotes celebraron misas cada dos horas; y a las 5 de la tarde, se inició la procesión que recorrió sectores de esta comunidad.

En el pasillo del patio central fue colocada la imagen de San José, para recibir a los peregrinos que no sólo llegaron de las distintas zonas de Caracas, sino también de las diócesis vecinas: Guarenas, Los Teques y La Guaira. Uno de estos grupos estuvo dirigido por el padre Luis Eduardo Rodríguez, procedente de la Diócesis de Los Teques, quien con un grupo de peregrinos de las parroquias “Espíritu Santo” y “Nuestra Señora de la Antigua”, de los Altos Mirandinos, asistieron a los eventos religiosos.

En el interior del templo están trazadas grandes pinturas adosadas a las paredes con diferentes nombramientos que se le adjudican al Padre del Carpintero de Nazaret. Entre otras se pueden leer: “San José, Amador de los pobres”, “…protector de la Santa Iglesia”, “… Custodio de las Vírgenes”, “… Sostén de las familias”, “… Modelo de los Obreros”….

El padre Luis Eduardo Rodríguez, de la Diócesis de Los Teques, con un grupo de peregrinos de las parroquias “Espíritu Santo” y “Nuestra Señora de la Antigua”.

Esta abadía fue la primera sede benedictina de Venezuela, integrada por cuatro monjes que pisaron estos suelos, en 1923, procedentes de Baviera al sur de Alemania. El patio del antiguo convento está rodeado por las aulas del colegio que todavía allí existe. “En 1985, El Santuario de San José del Ávila pasa a ser sede de la nueva Parroquia San Benito y hasta nuestros días, ha sido administrada por presbíteros diocesanos, quienes mantienen ahora el fervor de San José y San Benito Abad.

CHACAO TAMBIÉN FESTEJÓ EN HONOR A “SAN JOSÉ”

La parroquia San José del municipio Chacao, en el estado Miranda, también fue una de las comunidades eclesiales que con gran fervor recordó a su Santo Patrono, como una demostración del rescate de las tradiciones religiosas, cientos de feligreses, vecinos y visitantes asistieron con fe y devoción a la celebración de estas fiestas patronales.

Las actividades para celebrar el Día de San José comenzaron desde temprano con un desayuno que compartió el alcalde Emilio Graterón con las organizaciones religiosas, consejos comunales y demás fuerzas vivas del municipio.

“Este encuentro para mí es muy importante, porque vamos a recibir todos las bendiciones de San José y estoy seguro que nos va a regalar un año lleno de cosas muy buenas, de éxitos, y por ello vamos a trabajar con más fuerzas que nunca”, señaló Graterón.

Luego de la eucaristía, en hombros de los cargadores, la imagen del santo salió en procesión a recorrer las calles de Chacao.

“Estamos pidiéndole a San José que interceda ante Dios por la paz de la ciudad, por la disminución de la violencia, para que Caracas y el municipio Chacao estén protegidos por la paz y la tranquilidad, para tener todos la libertad de salir tranquilos a la calle”, manifestó el alcalde.

Además, el primer mandatario local indicó: “hemos querido impulsar el rescate de la tradición de la procesión de San José, que tenía más de 10 años que no salía de la iglesia y queremos que hoy, recorra las calles de Chacao para fortalecer ese mensaje de paz, que el encuentro ciudadano tome la calle de la mano del Santo Patrono y la paz se convierta en una realidad en nuestro país”.

Graterón indicó que ya están listos para vivir con devoción la Semana Santa. “Ya los Palmeros de Chacao están en el proceso de organización para subir al Waraira Repano a buscar la palma real, que será entregada a los fieles el Domingo de Ramos en la plaza Bolívar de la jurisdicción. La invitación a todos los vecinos, a los habitantes de Caracas y a todos los venezolanos, es a vivir la Semana Santa en el municipio Chacao, para fortalecer los lazos de unión y de paz en Venezuela”.

Fuente: Prensa Arzobispado de Caracas/RAP/22 - Mar 2012.-

Mensaje de Cuaresma 2012 - Cardenal Jorge Urosa Savino - Arzobispo de Caracas

A todos los sacerdotes y diáconos, a los miembros de institutos de vida consagrada, y a todos los fieles católicos de Caracas.

Amadísimos hermanos:

La Cuaresma es un tiempo de gracia y salvación previo a la Semana Santa, durante el cual nos preparamos a celebrar con un corazón renovado los sublimes hechos de la pasión, muerte y gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Las lecturas de estos domingos cuaresmales nos invitan a contemplar a Jesucristo, para intensificar nuestra fe en El, y acoger la apremiante invitación del Padre eterno: “Este es mi hijo amado: escuchadle”. (1)

En Cuaresma, de manera especial, Dios nos invita a convertirnos, es decir, a cambiar de actitud, a mejorar nuestra vivencia de la fe, a ser mejores en nuestra relación con Dios y con los hermanos. En concreto, se nos invita a hacer una revisión de nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios, que es Palabra de vida eterna y de felicidad. El Señor nos dice “Felices los que escuchen y cumplan la Palabra de Dios”( 2). Examinemos, pues, nuestra conciencia para ver si en verdad cumplimos su Palabra, lo cual exige de manera clara y determinante, seguir a Jesucristo, y cumplir los diez mandamientos de la Ley de Dios.

AMOR Y PAZ CONTRA LA VIOLENCIA Y EL ODIO

En esta Cuaresma la Conferencia Episcopal Venezolana nos invita especialmente a vivir el mandamiento del amor al prójimo y, específicamente, a trabajar por la paz. Este llamado forma parte de las exigencias fundamentales de Jesucristo, quien en las Bienaventuranzas, al enseñarnos el camino hacia la felicidad y la salvación eterna nos dice: “Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (3).

El llamado a trabajar por la paz es particularmente apremiante y oportuno en Venezuela y en Caracas, donde en los últimos años se ha ido estableciendo una corriente de violencia, de odio, de egoísmo. Esto se manifiesta en la agresividad de la vida diaria y, de manera alarmante, en el incremento de la inseguridad y de la delincuencia asesina, a veces con una crueldad nunca vista entre nosotros. Sin duda, los organismos del Estado deben cumplir con su obligación de proteger nuestra seguridad personal y patrimonial; por nuestra parte, todos los venezolanos estamos llamados a dejar a un lado cualquier tipo de violencia.

Por ello los Obispos venezolanos hemos querido dirigir la Campaña Compartir de este año 2012 al tema de la vida y de la paz. Hemos de esforzarnos por promover y defender la vida, por trabajar por la paz, y por educar a los niños y jóvenes para la paz. Para ello hemos de procurar, cada uno de nosotros, ser constructores de la paz en nuestra familia, en la comunidad vecinal, en la escuela, en el lugar de trabajo, en fin, en la vida social y política. Además, hemos de recordar que trabajar por la paz, requiere vivir en la verdad y en el amor, practicar la justicia, y promover la libertad.

De manera particular, en este año electoral, todos los venezolanos, y especialmente los católicos, estamos obligados a hacer mayores esfuerzos por desterrar de nuestra conducta todo lo que vaya en contra de la paz: el egoísmo y la indiferencia, la ira y el rencor, el irrespeto a los demás, la violencia verbal, la agresividad política, los ataques físicos, etc. Por el contrario, estamos llamados a ser amables y respetuosos de los demás, a ser generosos y tolerantes, a ayudar a los necesitados, a propiciar la serenidad y la convivencia en todos los ambientes de nuestra actuación.

ACERQUÉMONOS MÁS A DIOS

Trabajar por la paz en un mundo cargado de violencia requiere la ayuda divina. Por esto es necesario que nos acerquemos más a Dios, intensificando nuestra vida religiosa y espiritual: la oración intensa y la participación en la Misa dominical; la generosidad y la caridad con los necesitados, y la penitencia y el sacrificio para controlar y dominar nuestras malas inclinaciones y así ofrecer nuestras vidas a Dios en unión con los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo. Dejemos a un lado todo tipo de pecado, participemos en los actos religiosos de la Cuaresma y recibamos los sacramentos de la Reconciliación o Penitencia, y la Sagrada Eucaristía.

Los invito a que en estos días de Cuaresma y en la Semana Santa oremos de manera especial por los seminaristas que se preparan al sacerdocio en nuestros Seminarios y casas de formación, y por el aumento y perseverancia de las vocaciones sacerdotales y religiosas, para que el Señor nos conceda que muchos jóvenes de Caracas quieran seguirlo en la vida sacerdotal o en los institutos de vida consagrada.

COLECTA COMPARTIR

En la línea del trabajo y la educación a la paz, en nuestra Arquidiócesis de Caracas hemos determinado que los frutos de la Colecta Compartir, la cual se efectuará el sábado y domingo 24 y 25 de marzo, se destinen a apoyar los hogares de niños y jóvenes que dirigen varias instituciones eclesiales en nuestra Arquidiócesis. En esos hogares, gratuitos y muy necesitados, niños en situación de riesgo o abandono son acogidos con afecto y con el mayor cuidado, y son educados en la fe y en el amor a Dios y al prójimo, en la convivencia social, para ser constructores de paz. Por esa razón los invito a ser generosos en esa Colecta, recordando que el Señor ama a quien da con alegría.

CONCLUSIÓN:

Mis queridos hermanos: Al contemplar a Jesús, Dios hecho hombre, nuestro Divino Salvador, fortalezcamos nuestra fe, es decir, nuestra acogida a su persona, a su palabra, a sus exigencias. ¡Aceptemos su invitación a la auténtica felicidad! Los invito a fortalecer su vida cristiana y sus prácticas de piedad, y a ser esforzados constructores de la paz, como corresponde a nuestra gloriosa condición de hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, y miembros de nuestra Santa Iglesia Católica.

Con mi afectuosa bendición episcopal,

+JORGE L. UROSA SAVINO,

CARDENAL ARZOBISPO DE CARACAS



Caracas 4 de marzo de 2012

Notas
1. Mc 9,7
2. Lc, 11,28
3. Mt. 5, 9

Este Mensaje oficial será leído en todas las Misas y celebraciones de la Palabra, en todas las Iglesias Parroquiales y filiales de Caracas, los días 10 y 11 de mazo. En las Escuelas católicas en todas las Aulas en la primera oportunidad